La tecnología está tan arraigada en nuestras vidas que la mayoría de los niños de hoy en día son nativos digitales. De hecho, pueden “hablar” digital antes incluso de aprender un idioma, y a menudo se pide a los nativos digitales que eduquen a los “inmigrantes digitales” mayores, como sus padres, sobre cómo utilizar la tecnología.
Al mismo tiempo, a muchos padres les preocupan los posibles daños de exponer a sus hijos a la tecnología, las pantallas y, en particular, a internet.
Los estudios han demostrado que la tecnología digital tiene una serie de efectos en los niños. Estos pueden ser muy positivos, como que los niños sean capaces de comprender conceptos matemáticos o idiomas mucho antes que sus homólogos millennials. También pueden ser negativos, como el aumento de los niveles de depresión por el uso excesivo o compulsivo de las redes sociales, el ciberacoso y la manipulación por parte de extraños en internet.
Para comprender los efectos de la tecnología en los jóvenes, nuestra investigación ha creado una herramienta que mide la “madurez digital” de los niños. Esto supone un paso importante para comprender mejor cómo la tecnología afecta al desarrollo de los niños a nivel psicológico, académico y holístico.
Nuestro índice de madurez digital se desarrolló junto con investigadores de toda la Unión Europea (UE) en el marco del proyecto Digymatex, financiado por la UE. Esta métrica evalúa el grado de desarrollo o avance de la relación de un niño con la tecnología, así como lo que significa para su desarrollo general.
El índice de madurez digital está formado por un conjunto de dimensiones o componentes que, en conjunto, ofrecen una visión integral de la madurez de la relación de un menor con la tecnología e internet. Los componentes son la alfabetización digital, la conciencia del riesgo, el crecimiento individual, el respeto hacia los demás, la ciudadanía digital, la búsqueda de apoyo, la autonomía en el contexto digital, la autonomía de elección, la regulación de los impulsos agresivos y la regulación de las emociones negativas.
Aplicaciones en el mundo real
El índice es, en sí mismo, una forma muy útil para que los padres, educadores y psicólogos infantiles cuantifiquen los impactos de la tecnología y la exposición a internet en un niño. Sin embargo, nuestro objetivo era crear una herramienta que pudiera ayudarles no solo a evaluar la madurez digital, sino también a diseñar intervenciones específicas.
Para ello, primero utilizamos el índice para recopilar datos de 1 440 encuestados en Austria, Dinamarca, Alemania y Grecia. Luego utilizamos el aprendizaje automático para analizar los datos y clasificar a los niños en tipos de madurez digital. Descubrimos que tienden a agruparse en tres categorías: baja, media y alta.
No es de extrañar que estar en la categoría de madurez digital alta se asociara positivamente con una alta alfabetización digital, la conciencia de los riesgos de navegar por internet, el uso de la tecnología para el crecimiento personal y un comportamiento de navegación no compulsivo. Esta categoría era la menos preocupante para los padres y educadores, y sirve como punto de referencia, el “mejor de los casos” del comportamiento en línea de los menores.
Los niños de la categoría media muestran un comportamiento poco compulsivo, pero no reconocen el uso de la tecnología para el crecimiento personal y muestran una alfabetización digital de media a baja. La categoría baja incluye a niños con un comportamiento compulsivo muy alto, una conciencia del riesgo muy baja y una mala regulación de las emociones negativas.
Comprender a los niños que pertenecen a las dos categorías más bajas es vital para los educadores y psicólogos, ya que pueden desarrollar intervenciones específicas destinadas a mejorar esas áreas concretas en las que los niños parecen tener carencias.
Tendencias específicas de cada país
Curiosamente, nuestros datos mostraron que los patrones de madurez digital variaban mucho de un país a otro. Observamos varias diferencias interesantes.
Los niños de la categoría de baja madurez digital en Alemania y Grecia compartían patrones muy similares. Obtuvieron puntuaciones por debajo de la media en casi todas las dimensiones, incluido el comportamiento impulsivo y la regulación emocional, pero los niños alemanes de este grupo obtuvieron puntuaciones especialmente bajas en alfabetización digital (como la comprensión de la configuración de privacidad) y conciencia del riesgo (como la identificación de peligros en línea). Los niños griegos, por su parte, demostraron una autonomía ligeramente mayor en el contexto digital, a pesar de las dificultades con el uso compulsivo de los dispositivos.
Mientras tanto, los niños austriacos con baja madurez digital destacaron por obtener una puntuación superior a la media en ciudadanía digital, un rasgo único que no se observó en los grupos de baja madurez de otros países.
Además, los niños con baja madurez digital mostraron en general una pobre autonomía en los contextos digitales en todos los demás países, excepto en Dinamarca, donde este grupo obtuvo una puntuación mucho más alta en esta categoría.
Otra observación interesante es que el grupo de alta madurez digital muestra una alta autonomía de elección en todos los países excepto en Alemania, donde esta dimensión está ligeramente por debajo de la media para los niños de la categoría de puntuación alta.
Una herramienta para padres, educadores e investigadores
Más allá de comprender las categorías de niños en relación con su madurez digital, hemos desarrollado una herramienta de predicción que, utilizando el aprendizaje automático, permite a los usuarios evaluar la madurez digital de un niño.
Mediante nuestro algoritmo, los usuarios pueden responder a una serie de preguntas sobre el comportamiento de un niño y recibir una estimación de su nivel de madurez digital, así como indicaciones sobre las áreas que deben mejorar.
Nuestro objetivo a lo largo de este esfuerzo fue crear una plataforma que pueda ayudar a los investigadores, así como a los padres, educadores y psicólogos infantiles, a comprender mejor el impacto de la tecnología en los niños. Si se utiliza adecuadamente, puede ayudar a los cuidadores a tomar decisiones informadas que animen a los niños a desarrollar y mantener hábitos digitales saludables.
Fuente: Konstantina Valogianni y Aqib Siddiqui / theconversation.com